2013-12-17 07:00:00

Por la inflación y la baja productividad, se perdió la década.


La economía argentina no aprovechó en el largo plazo plenamente el auge de precios de productos básicos ni las ventajas iniciales de la devaluación real de comienzos de década.

Desde el año 2007, los aumentos de costos generados por la inflación (y las restricciones a las importaciones) impactaron en una caída de la competitividad vía mayores costos laborales y caída del tipo de cambio real erosionando casi totalmente la competitividad ganada inicialmente. El bajo dinamismo de la productividad, principal indicador de la competitividad endógena y sistémica tampoco logro compensar un fenómeno inflacionario que alcanza ya los dos dígitos, acumulando distorsiones de precios relativos que no permiten acrecentar la oferta energética, la provisión de infraestructura e incentivar la inversión y la generación de productividad.

La competitividad hoy se sostiene solamente por fenómenos exógenos: la persistencia cada vez más endeble de los precios internacionales de nuestras commodities y de la apreciación de las monedas de nuestros socios comerciales. Las consecuencias son una brusca desaceleración de la actividad económica, de la generación del empleo y especialmente de la producción de los sectores transables y las exportaciones: afectando la sostenibilidad del crecimiento futuro, social y externa de la economía argentina.

Resultados destacados

1. La región, y especialmente nuestro país, se ha visto beneficiada por una inusitada alza en los precios de sus principales productos de exportación que permitió solventar mayores niveles de gasto agregado, explicando la reactivación de inicios del presente siglo que permitió incrementar inicialmente su competitividad exógena. 

2. La competitividad precio de Argentina hoy es claramente menor que a comienzos de la década (por causa de la erosión de la inflación) se sostiene sólo por causas exógenas, que Argentina no controla.  

3. La inflación erosionó todas las ventajas iniciales de la devaluación. El tipo de cambio nominal aumentó un 474% desde enero 2001 hasta setiembre 2013, en tanto que la inflación lo hizo en un 620% (1040 en alimentos y bebidas) (242% la inflación oficial).

4. El tipo de cambio real con el dólar volvió al 1 a 1

5. El tipo de cambio multilateral real (ponderado por la canasta de monedas con los países que Argentina comercia) se encuentra sólo un 30% mayor que el año 1998, y un 50% mas que el año 2001. 

6. Pero estas ventajas competitivas están dadas por devaluación del dólar frente a otras divisas fuertes o la apreciación del real, es decir sobre causas que Argentina no controla, y que ante el escenario de desaceleración del crecimiento de la economía mundial pueden revertirse en contra de Argentina: devaluación en Brasil, apreciación del dólar originada en el “tapering” y consecuente moderación y caída en el precio de las commodities en dólares. 

7. La forma de incrementar la competitividad de la economía sin necesariamente afectar el poder adquisitivo de los salarios es incrementar la llamada competitividad no precio o sistemica. Una menor competitividad precio puede ser compensada con ahorros de costos originados en una mejora en la productividad o eficiencia productiva de las empresas con respecto al total de factores productivos utilizados.  

8. La evolución de la productividad compensó muy parcialmente la caída magna en el tipo de cambio real bilateral y multilateral provocada por el proceso inflacionario. Más aún, el nivel de productividad de la economía argentina se encontraría aún por debajo del año 1998.

9. Los aumentos de productividad tienen en general una evolución paulatina y moderada que de producirse juegan un rol sustancial en contextos de baja inflación. Sin embargo, debido a su magnitud moderada, bajo regímenes de alta inflación nunca pueden compensar plenamente una inflación de costos de dos dígitos como el actual. Por lo tanto resulta imprescindible primero reducir las tasas de inflación hasta niveles compatibles con las ganancias de productividad que un país normal puede generar. 

10. Las consecuencias sobre las Exportaciones de la pérdida de competitividad son claras. Argentina perdió una oportunidad de aprovechar los vientos de cola. El aumento de las exportaciones fue más un efecto precio que un efecto volumen.

11. El crecimiento del PBI pasó de crecer a tasas chinas: 8% entre los años 2002-2007 a sólo un 3% para el período 2007-2012 . Aún más notable resulta la desaceleración de la actividad de los sectores transables que pasaron de crecer poco más del 8% promedio anual a sólo un 1%.

12. El volumen físico de las exportaciones presentaba un dinamismo anual mayor durante el período 1990-1998 (10.4%), cuando los precios de exportación cayeron a un -0.4% anual; que durante el período 2002-2012 (2.4%) donde el efecto precio fue muchísimo mayor (9.6%) !.

13. La comparación para el volumen físico de las exportaciones entre los años 1987-1998 con el período 1998-2012 también arroja resultados sorprendentes: durante la vigencia de un tipo de cambio real más bajo, Argentina exportó volumen a un ritmo del 12.7% anual, mientras que durante el periodo 1998-2012 lo hizo a un ritmo de solo el 2.1%, con un tipo de cambio real mucho más alto como vimos anteriormente. Este menor dinamismo diferencial se repite en todos los grandes rubros de exportación.

Como aumentar la competitividad sin afectar el poder adquisitivo

Una cuestión ineludible para que se pueda aumentar la competitividad de la economía argentina, moderando los efectos sobre los salarios y bajar la inflación. 

La dinámica de conflictos distributivos que está generando la inflación y el agotamiento de los “colchones” macroeconómicos heredados de la mega devaluación del año 2002 incentivan la necesidad de recurrir a soluciones estructurales. 

La presente coyuntura internacional permite avizorar una suavización de los vientos de cola que hasta el año 2011 permitieron impulsar el crecimiento de América Latina y especialmente de Argentina aunque no quizá una brusca caída en los términos de intercambio. 

Por primera vez en décadas, la economía argentina podría enfrentar el cambio de escenario internacional sin entrar en una profunda crisis social y económica. Los desequilibrios acumulados en términos de inflación, cuentas fiscales, balanza comercial, tarifas y costos no son de una magnitud extrema como los enfrentados durante los años 1974-1975, 1982, 1989-1990, 1998-2002.

Sin embargo, dichos desequilibrios en la medida que no se ajusten y se acumulen  pueden llegar a tener un impacto mayor sobre la capacidad productiva y ser más sensibles a cambios en los parámetros internacionales que afectan nuestra economía, llevando más lejos  la posibilidad de la aplicación del gradualismo para bajar la inflación,  aumentar la competitividad y moderar los efectos negativos sobre el poder adquisitivo de los ingresos laborales.

Propuesta 

1. Soluciones Coyunturales: Incrementando la competitividad-precio: 

a. Devaluación de la moneda doméstica: ante la inflación existente, y un desempleo relativamente más bajo que hace diez años, significaría un “pass-through”, traslado acelerado a los precios afectando inmediatamente el poder adquisitivo de los trabajadores y erosionando rápidamente la mayor competitividad aparente inicial.

b. Un aumento en los precios de exportación: no sólo agrícolas sino también de los productos manufacturados. Sin embargo, este escenario posiblemente no se mantendría en el futuro cercano aunque su notable duración nos produzca la “ilusión” de tomar el auge de precios de commodities como permanente; ello termina acentuando la dependencia de la economía argentina a cuestiones no controlables domésticamente, cuestión que resultó históricamente peligrosa.
 
2. Soluciones estructurales: incrementar la competitividad no precio

a. Ampliando la escala del mercado: Una ampliación de la escala de producción por ampliación de mercados permite reducir costos fijos medios, permitiendo incrementar la competitividad sin devaluar. Sin embargo, los presentes desacuerdos comerciales con los socios de MERCOSUR y la falta de una clara estrategia comercial dirigida al Asia y el resto del mundo emergente, están afectando la posibilidad de ganar competitividad por esta vía. 

b. Inversión: una mayor inversión, permite aumentar el stock de capital disponible; en especial en infraestructura reduciendo los costos fijos medios del transporte y energéticos y otros costos relevantes que hacen a la competitividad. Sin embargo, tal como probamos en otros estudios (en conjunto con Daniel Heymann ) el incremento del stock de capital (especialmente infraestructura) durante la última década fue insuficiente como para sostener el ritmo del crecimiento a largo plazo. 

c. Ahorro Doméstico: Una condición ineludible para restablecer e incentivar el ahorro doméstico y la demanda de financiamiento para proyectos de inversión de largo plazo e inclusive la innovación tecnológica es la posibilidad de que los argentinos puedan ahorrar a tasas reales de interés positivas en una unidad de cuenta doméstica que permita preservar el valor de la moneda sin recurrir a la dolarización de los pasivos y las carteras.
De otra manera, para incentivar la inversión en el actual contexto de inflación e incertidumbre que genera la falta de credibilidad y reputación de la política económica  incrementada por la trágica destrucción del sistema estadístico, significa recurrir a mecanismos distorsivos para garantizar rentabilidades draconianas en contra de los salarios y el empleo. No se puede lograr un crecimiento consistente sin financiamiento legítimo de la inversión que se base en una mayor fortaleza del ahorro doméstico privado canalizado a través del sistema financiero y una profundización del mercado de capitales con una regulación prudencial adecuada. 
Resulta una condición imprescindible: un instituto de estadísticas y un Banco Central creíble, consistente, con capital humano e independiente del poder político. 
La actual dominancia fiscal de la política monetaria, restó instrumentos y autonomía a la política económica. Por lo tanto resolver el déficit fiscal, aún en forma gradual mediante la combinación de aumentos relativos menores en el gasto público, mayor eficiencia en el mismo, redistribución y racionalidad social en la distribución de los subsidios energéticos y al transporte permitirá reorientar recursos a la inversión en infraestructura legítimamente financiada no solo con mayores recursos propios sino también con créditos multilaterales de bajo costo de financiamiento vedados hace años.

d. Productividad: una mayor eficiencia en la organización productiva así como la innovación tecnológica incorporada en mejores bienes de capital o generadas endógenamente por el aparato productivo permiten ahorrar costos e incrementar la productividad (sinónimo de la competitividad no precio). No obstante, de acuerdo a nuestras estimaciones del proyecto ARKLEMS, las ganancias de eficiencia e innovación (resumidas en la variable Productividad Total de los Factores) fueron escasas y el nivel de eficiencia de la economía argentina, se encontraría aún por debajo de lo alcanzado en la década pasada. 

Reconstruir la credibilidad del sistema estadístico, mejorar la previsibilidad, reputación  y coordinación de la política económica es clave para bajar la inflación. Una vez logrado y mientras suceda la transición hacia el régimen de baja inflación, la productividad y la inversión son condiciones fundamentales para incrementar la producción, lograr una mayor competitividad sin afectar el poder adquisitivo de los salarios y evitar recurrir a bruscas devaluaciones para reestablecer la competitividad precio perdida.

La propuesta de esta nota es entonces: un mayor énfasis en la estabilidad macroeconómica, coordinación entre la política fiscal, monetaria y de ingresos y el restablecimiento de la credibilidad e independencia del instituto de estadísticas y del Banco Central; incentivos macroeconómicos a la inversión  y productividad en un contexto de baja inflación; una estrategia de inserción en el comercio internacional para ganar escala y mercados son las claves que permitirían ganar competitividad sin recurrir a devaluaciones abruptas, sin afectar el poder adquisitivo del salario e incrementar y sostener el crecimiento económico en el largo plazo.

Ariel Coremberg, es profesor de Teoría y Medición del Crecimiento Económico de la UBA

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