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Opinión

Sin GPS, lo más difícil para la economía será acertar el largo del túnel recesivo

Por Hernán de Goñi

La actividad económica entró en un túnel oscuro y largo. Hace dos meses que el GPS está desconectado y por esa razón ninguna dirección parece la adecuada. La peor sequía de la historia había contribuido a minar los datos del segundo trimestre, y la pronunciada devaluación hizo paralizar a aquellos sectores que habían actuado como motores, en especial la construcción pública y privada y rubros industriales como la fabricación de autos.
Hacia donde uno pose la mirada, los datos no suenan alentadores. Pero no hay chance de apagar el televisor y encenderlo cuando nos guste más el programa. Con el tablero lleno de números rojos, será necesario volver a contar brotes verdes en la medida que vayan apareciendo.
El Gobierno está concentrado en estabilizar las variables financieras y dar certidumbre fiscal a los inversores externos. Tratar de que el dólar retome un sendero previsible es central para que precios, salarios, consumo y crédito dejen de restar y vuelvan a sumar. Pero ese movimiento no depende solo de la Argentina. El Gobierno no quiere volver a anclar el tipo de cambio, en parte porque no puede hacerlo sin un sacrificio grande de reservas y en parte porque el FMI no lo deja.
Por eso necesita que las fluctuaciones de la moneda estadounidense se detengan. Para eso también tiene que mostrar a los inversores que el horizonte político y fiscal no tiene por qué justificar un castigo mayor que el que sufren otros mercados emergentes.
La Argentina seguirá varios meses más por ese camino lleno de piedras y sin señales claras. El recálculo en marcha asume inflación mayor a la de 2017 y caída de actividad pero nadie arriesga una variación de PBI negativa. Con este dólar, el campo, las economías regionales y el turismo pueden dar buenas noticias. También podría disparar inversiones de oportunidad, para aprovechar activos devaluados. Lo que habrá que esperar es el momento en que cambie la tendencia. Será antes de que lo palpe la calle. Ese día las apuestas políticas y económicas tendrán otro sentido.
*Director Periodístico de El Cronista

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Entonces la iniciativa surgió porque el "yuyito", como había definido la ex presidente Cristina Elisabet Fernández de Kirchner a la principal fuente generadora de divisas a través de las exportaciones, había iniciado lo que finalmente fue un vuelo corto ascendente de los precios internacionales de menos de USD 300 la tonelada en 2007 a casi USD 600 en 2008, y con una proyección  a superar los USD 700; y en el caso del aceite de soja pasó de USD 460 en 2016; a USD 740 un año después y USD 1.370 a fines de junio de 2008.

Pero ya "con el diario del lunes" se vio que esa escalada de precios fue puntual, porque al poco tiempo surgió la crisis financiera de las hipotecas en los EEUU que se extendió hasta 2009 y provocó el derrumbe de las cotizaciones internacionales de las materias primas, y el complejo oleaginoso no fue la excepción.

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