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Opinión

Resiliencia: ¿cómo seguir después del huracán?

Por Luciana Paulise


El mes de septiembre nos colmó de huracanes y terremotos como pocas veces ocurrió. Es momento de conocer qué es la resiliencia y por qué puede ayudarnos en estas circunstancias inexplicables.

Sí, septiembre nos superó con los desastre naturales. Y vinieron los huracanes. Harvey, José, Irma y María. Por mi parte, hace tan solo tres meses que me mudé a Estados Unidos y me tocó lidiar con dos de ellos. ¡Y qué aventura! Justo nos mudamos a Beaumont, Texas, una de las ciudades más afectadas por el huracán Harvey. Y no sólo eso, estaba planeando un viaje a Miami justo cuando atacó el huracán Irma. 

Mi caso por supuesto no es grave, sobreviví sin mayores problemas. Pero muchísimas personas tanto en el sudeste de Texas y en Miami perdieron sus casas, millones de dólares se perdieron en bienes raíces, propiedad personal, en el impacto económico que sufrieron los pequeños negocios por tener que mantenerse cerrados, máquinas, equipos e inventario perdidos. Según el diario El País, “el huracán Harvey obligó a cerrar el puerto de Houston, el segundo más importante del país. Forzó el cierre de campos petrolíferos, refinerías y oleoductos. Alrededor del 22% de la capacidad de producción de la región quedó suspendida y más de un centenar de plataformas fueron evacuadas.” En una charla que asistí de la US Small Business Administration, sus representantes comentaron que más del 70% de los negocios que debían estar cerrados por más de una semana, no tenían la capacidad de volver a abrir y afrontar los gastos, debían cerrar definitivamente. La mayoría no tenía seguro contra inundación.

Y después fue el terremoto de México. Lo peor es que estaba con ganas de ir a una conferencia en México pero justo se solapaba con mi viaje a Miami. De todas formas sinceramente ya a esa altura no tenía muchas expectativas del viaje a Miami, incluso todavía había nuevos huracanes amenazando volver a golpear la costa este, no me hacía mucha gracia estar tan cerca de ellos! Algunos me dijeron que la mudanza no tuvo buen timing, otros que parecía perseguir huracanes… pensé que mi sueño americano se iba a terminar antes de empezar.

Pero nada tan terrible pasó. Todo lo contrario. Me di cuenta que la gente seguía adelante. Los negocios se seguían haciendo. Algunos con menos recursos, pero igual seguían su vida como si nada hubiera pasado, sólo hablaban de cómo iban a ayudar. No tenían agua para tomar, pero iban al supermercado y esperaban su turno pacientemente. Si hay algo que aprendí en estos meses es la capacidad de resiliencia del pueblo americano. La importancia, para un país, para un equipo, de tener resiliencia, la capacidad para adaptarse positivamente a situaciones adversas. 

La resiliencia es simplemente la habilidad de hacerlo todo nuevo, de sacar algo bueno en todo. Pude ver bien de cerca cómo la gente que no había sufrido el desastre, prestaba su casa a extraños o pasaba horas ayudando a refugiados. Pude ver cómo gente que había perdido su casa y casi todo lo que tenía, simplemente dejaba a su familia en un refugio y volvía a trabajar para cumplir con su deber, que era en ese momento lo único que nadie podía sacarle.  Incluso algunos speakers aprovecharon para organizar conferencias de un día por tan sólo 1USD (un dólar) para mantener la motivación de los afectados por Irma en Miami. Mucha gente, como los que reparan techos, pisos o jardines, se llenó de trabajo luego de los huracanes. 

Por supuesto todos los países, empresas e individuos tenemos nuestros propios “huracanes”, que nos generan desesperación y pérdida del sentido de las cosas. La resiliencia puede ayudarnos a sobrellevar todo, es una habilidad que estamos obligados a desarrollar más y más, sobre todo si somos dueños de empresas o tenemos gente a nuestro cargo. 

La resiliencia incluso puede promoverse en nuestro equipo, principalmente a través de la planificación y la comunicación.

Planificación

Durante el huracán Alguien me preguntó si tenia miedo. Y le dije sinceramente “no, porque tengo un plan.” Debemos planear cómo reducir el impacto de estas circunstancias. Se puede prever cómo guardar la información en un lugar seguro, cómo trabajar en caso de no tener sistema, o cómo proteger el inventario, entre otras cosas.  Antes del huracán por distintos medios me llegó información sobre qué preparar en caso de huracán (botellas de agua, linternas, platos y cubiertos de plástico, alimentos no perecederos etc.) para que no me tomara por sorpresa un corte de luz o de agua (me tocó pasar por eso, por suerte estaba seguí los planes!). Los planes están no hechos necesariamente para cumplirse al pie de la letra. Nos guían, nos recuerdan donde queríamos estar. Puede haber eventos que no estaban contemplados, para los cuales también debemos pensar en plan B y plan C. 

Comunicación

Un plan nos permite actuar rápido para resolver el problema, en lugar de lamentarse o culpar a otros. Como líderes no podemos perder tiempo en culpar. Debemos dedicar tiempo a comunicar el plan y coordinar la resolución. Para poder actuar a tiempo es importante comunicar a todos los involucrados antes, durante y después: qué está pasando, cómo deben actuar, qué pueden esperar y cómo los podemos ayudar. Antes del huracán recibimos todo tipo de información sobre las zonas que podían ser afectadas y la gravedad. Aún siendo nuevos en la zona, me llegaron diversos mensajes de gente del lugar preguntándome como estaba, si necesitaba ayuda. También recibía mensajes del gobierno sobre si debía evacuar o evitar conducir en ciertas zonas. Luego del huracán hubo cientos de comunicaciones sobre cómo ayudar y cómo pedir ayuda. La comunicación fue vital para reducir el stress y promover la resiliencia frente a la situación de riesgo.  

En conclusión, las crisis se pueden convertir en oportunidades por medio de la resiliencia. La resiliencia nos enseña a no pensar tanto en lo que pasó o temer lo que va a pasar, sino a mirar para adelante y actuar. Es mejor una imperfecta acción, que una perfecta inacción. ¡Éxitos!

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