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Especial de la Semana

¿Qué lugar ocupa Argentina en el escenario del comercio global?

Por Adriel Hermida, Germán Redel y Francisco Carreiro

Del 10 al 13 de diciembre de 2017 se llevó a cabo la undécima conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en la que se trataron diversos temas vinculados con el comercio internacional, y en la que Argentina afirmó su postura oficial a favor del multilateralismo. Cabe destacar que este evento coincide con una progresiva reconfiguración de la economía local, planteando una mayor integración al mundo tanto comercial como financiera. En este marco resulta interesante reconocer el tipo y la profundidad de la inserción de nuestro país en la economía global y vislumbrar posibles trayectorias a futuro.

En el año 2016 el nivel de ingreso de Argentina representaba aproximadamente el 0,73% del PIB mundial, pero sólo contaba con el 0,36% de las exportaciones totales de bienes y servicios. Lejos quedaron los años en los que ese número estaba por encima del 2%. Este menor peso en términos históricos se observa incluso frente a otras economías de la región. Cabe destacar que, si bien Chile y Argentina tienen una participación similar, la economía trasandina es de un tamaño sustancialmente inferior (ver gráfico 1).




El rezago en la integración comercial no sólo se evidencia en las ventas externas sino también en las importaciones. Los indicadores usuales para medir apertura económica (flujos comerciales en relación al tamaño de la economía y flujos per cápita) dan cuenta de que Argentina es una de las economías más cerradas del mundo. Su principal socio comercial, Brasil, exhibe un valor incluso inferior. Cabe destacar que las economías de mayor tamaño suelen presentar índices de apertura relativamente bajos debido a la gran envergadura de su mercado interno (por ej. Estados Unidos o Japón). El guarismo de Argentina no responde a este efecto, ya que también presenta un bajo valor de flujos per cápita (ver gráfico 2).




La menor apertura económica en comparación con otras economías de la región responde, en parte, a diferentes estrategias de integración comercial. De acuerdo a la OMC, mientras nuestro país tiene vigentes acuerdos de preferencias arancelarias con 16 países que representan el 16% del PIB global, Chile lo hizo con 81 economías que suman un 86% de la economía mundial. Esto se refleja en el arancel a las importaciones promedio más alto de la región y en un nivel varios puntos porcentuales por encima del promedio mundial (ver gráfico 3).




En contraste con este bajo dinamismo en las relaciones económicas internacionales formales, los destinos de exportación del país se encuentran muy diversificados. En el año 2015 Argentina formaba parte del 5% de las economías más diversificadas del mundo. Esta aparente contradicción cobra sentido cuando se considera el perfil exportador del país por tipo de producto. Nuestro país continúa exhibiendo una elevada dependencia de las ventas externas de unos pocos commodities, cuya demanda puede encontrarse a lo largo y a lo ancho del planeta. Esta marcada concentración de la oferta exportable por tipo de bien se profundizó en la última década; actualmente el 54% de las exportaciones se compone de solamente 10 productos.

Una tercera dimensión de la inserción externa refiere a la cantidad y al tipo de empresas exportadoras. El número total de firmas que exportan ha venido mermando desde el 2007 aunque la evolución ha sido dispar según el tipo de empresa: mientras que las grandes empresas exportadoras (más de 200 empleados) se mantuvieron en torno a 1.000, la cantidad de pequeñas y medianas empresas que exportan se redujo 36%. Esto redundó en una mayor concentración del valor exportado en las empresas grandes (ver gráfico 4).




De todo lo anterior se desprende que la foto de la actualidad no sugiere que Argentina sea un jugador de peso en el comercio internacional, más allá de ciertos mercados de commodities donde sus decisiones impactan sobre el resto de las economías1. La película indica incluso que esa posición se fue deteriorando paulatinamente en los últimos 70 años. Sin embargo, una serie de medidas adoptadas en los últimos 2 años y otras en proceso de elaboración tienen el potencial de quebrar esa tendencia de largo plazo.

Entre las primeras cabe mencionar, entre otras:


- la quita y/o reducción de las retenciones a las exportaciones,
- la eliminación de los cupos exportables de trigo y maíz,
- la normalización del mercado de cambios,
- el reemplazo de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) por un esquema de licencias automáticas y no automáticas de importación —en línea con la normativa vigente de la OMC—,
- la eliminación de aranceles de importación de productos informáticos,
- la adopción del Acuerdo de Facilitación del Comercio (que incluye la creación de la ventanilla única del comercio exterior argentino —VUCEA—, para reducir los costos administrativos de las transacciones de comercio exterior),
- la creación del programa Exporta Simple —focalizado en favorecer la integración de las PYMES—,
- la revisión de los reintegros de impuestos a las exportaciones,
- la normativa para facilitar importaciones de bienes de capital usados,
- la adecuación del régimen de importaciones temporarias de bienes.

Con respecto a las segundas se destacan las negociaciones vigentes, en conjunto con el resto de los miembros del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), para la firma de un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, y, en paralelo, la búsqueda de acuerdos comerciales con Japón, Canadá y el Reino Unido. Por otra parte, el congreso nacional se encuentra debatiendo actualmente una serie de reformas tributarias a nivel nacional y de las provincias con las cuales el gobierno prevé mejorar la competitividad externa de las empresas.

1 En particular, en los mercados internacionales de aceite y harina de soja y de biodiesel.

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