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Especial de la Semana

El Otro político en el contexto líquido

Por Gabriel Slavinsky


La intención de este trabajo es reflexionar acerca del liderazgo político como Otro significativo en un contexto liquido.

La vida en sociedad actual, según Bauman (2010), presenta, ciertas características referidas a un consumismo extremo en la cual los ciudadanos tienen una creciente representación como consumidores en todas las áreas en las que participan (no sólo en lo que se refiere a la adquisición de productos y servicios). Compras rápidas, casi instintivas, en un interjuego de renovar, eliminar y olvidar casi en un mismo acto. Una constante velocidad que produce la emergencia persistente para satisfacer las demandas de los individuos que no podrían (ni querrían) esperar. Como consecuencia se presenta un apresurado movimiento, a un ritmo enloquecedor que determina un tipo de cultura presentista de deseos insatisfechos, persistentes y retornantes hasta el infinito. El futuro se abandona pensando en el segundo actual. Una exaltación de lo fugaz. Situación general reificada (Berger y Luckman, 1992) que parece haber llegado a un punto de no retorno. El resumen perfecto parece ser el titulo del libro de Thomas Hylland Eriksen “La tiranía del momento” énfasis en el aquí y ahora o las frases de Bertman: “cultura ahorista” o “cultura acelerada”. La vida parece se daría con una serie de fotos, en vez del desarrollo constante a modo de film.

Los tiempos que requiere la política tradicional son diferentes. Procesos a largo plazo, visiones estratégicas a años o lustros, instituciones burocráticas con una división de jerarquías que enlentece la toma de decisiones, separación rígida de poderes ejecutivo, legislativo y judicial (mayúsculas faltan), contradicciones que aquietan los asuntos, temas complicados de difícil comprensión, multiplicidad de ópticas sobre un mismo hecho, comunicación política con tiempos duraderos. Demora en las medidas que afectan a los individuos.

La relación de armonía (no sé si “armonía” es la palabra.. la política siempre es conflicto….) parece utópica en este contexto en que la sociedad demanda procesos líquidos y la política requiere de pasos sólidos. Las respuestas que la política le otorga a la sociedad tienen una dilación temporal que aleja la posibilidad de mutua comprensión. Según Habermas (AÑO), la lógica de la política debe adaptarse a los mercados globales. No parece haber un control central que administre los procesos que se dan en la sociedad global. Las instituciones democráticas no parecen tener disponibles las soluciones

Planteada esta división entre los ciudadanos y la política, los líderes políticos tienen una tarea particular y dificultosa. En las democracias representativas, los profesionales políticos son figuras de autoridad en los cuales la ciudadanía delega el poder para que se instrumenten las acciones necesarias con varios objetivos: como garantizar salud, educación, vivienda y seguridad (entre otras cuestiones). Los ciudadanos establecerían el control, apoyo y reconocimiento a los gobernantes que puedan canalizar sus demandas.

Los liderazgos políticos como Otros significativos, dotados de poder, no parecen estar investidos de la legitimidad necesaria para desarrollar los procesos políticos necesarios. Los mecanismos democráticos (como las elecciones, por ejemplo) pertenecen a una realidad “sólida” cuando el contexto indica que los individuos participan de una sociedad liquida.

La contradicción se hace evidente, cuando se da este desencuentro. Situaciones sólidas en contextos líquidos. Cómo subsanar este déficit sistémico. En qué lugar queda posicionado el Otro significativo (por qué el Otro significativo? No entiendo a qué te referís con el concepto aplicado en este contexto) cuando la caída de los roles de autoridad en el imaginario colectivo queda en evidencia.

En ultima instancia, somos miembros de un sistema y buscamos acotar la incertidumbre al sentir que no todo es líquido, que el instante durará más, que ese Otro tiene cierto dominio de las situaciones que se podrían dar, depositamos en los lideres políticos las solución a las amenazas constantes a las que estamos expuestos. El Otro como líder político es aquel que garantiza, tranquiliza.

Una contradicción más es que dotamos de poder a un Otro que nos tranquilice pero no se descree en sus acciones por lentas y complicadas.

Cabe la pregunta sobre la posibilidad de una caída del Otro en una sociedad liquida, ¿Qué consecuencias tendría?

La modernidad liquida según Bauman, se pone de manifiesto con una serie de circunstancias como identidades cambiantes, referencias equivocas, patrones de autoridad oscilantes, realidad efímera, consumismo como guía. Los líderes políticos tienen el gran desafío de resolver problemas estructurales, pero “ya!”. Sino “ya fueron”.

Para concluir, pareciera que estamos obligados a resolver biográficamente contradicciones que nos plantea el sistema, no sólo los políticos sino el conjunto de la sociedad (Beck, 2002).

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