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Opinión

2018 y más allá

Por Diana Mondino

2017 terminó con una gran cantidad de cambios en el mundo: las baterías eléctricas de Tesla ayudan en la catástrofe de Puerto Rico y con la sequía en Australia. Los cambios que traerá el Blockchain están en la boca de todos. La sonda Cassini envió fotos increíbles de Saturno luego de casi 20 años,  pero siguen habiendo  guerras, refugiados, hambre y huracanes. Los avances tecnológicos traen esperanza y temores, y son el principal tema de conversación en otros países.

En Argentina seguimos mirando el pasado, cuando deberíamos plantearnos el futuro. ¿Qué necesitará el mundo y que podemos proveerle? ¿Cómo lograrlo? ¿Qué objetivos tenemos que alcanzar? Es muy probable que el lector esté planteando sus propósitos para este año: qué hará personalmente, qué hará con su familia, qué hará en su actividad de todos los días. Yo lo hago. Y quiero creer que en el país todos los que toman decisiones por nosotros también lo están haciendo. 

Considero que hay cierto consenso para definir que el objetivo central es lograr crecer con menor inflación, para reducir la pobreza. Bueno, ya sé, no todos quieren eso. Algunos procuran evitar ir presos. Pero un breve artículo como éste sólo puede tratar generalidades.

Para crecer es necesario producir más y mejor, a menor costo y con mayor calidad.  ¿Cómo se logra?  Para vender más hay que exportar, ya que allí hay más compradores. Dejemos atrás el absurdo mito de crecer con el consumo interno. Eso se  logra solamente si los únicos que pueden vender son los productores locales ya que, si se pudiera  importar, el consumidor siempre optaría por el producto mejor o más barato y, si ese fuera el argentino, entonces no habría necesidad de cerrar la economía. O sea que el mercado interno no sólo no es suficiente para crecer sino que además termina teniendo productos de inferior calidad. 

El tema es ver qué se puede exportar. Y la solución está hace un siglo y medio a nuestro alcance: basándonos en nuestros recursos podemos generar un gigantesco ecosistema.  Pongo un ejemplo: la tan denostada soja se ha logrado con “inventos” como la siembra directa y el silo bolsa. Eso implica conocimientos en biotecnología, en maquinaria agrícola, en sistemas de producción, en personal capacitado, en arraigar la gente en el interior, en mayor necesidad de transporte, logística, puertos, múltiples servicios adicionales y gigantesca recaudación impositiva en todas y cada una de esas áreas. Se dan muchísimos servicios e industrias alrededor de un solo producto que, increíblemente, se critica constantemente. 

Lo que aquí se denosta en otros países se fomenta, y se llaman cluster, es decir, todas las actividades alrededor de un producto. Para 2018 se están potenciando múltiples clusters adicionales, y es muy notorio el de obra pública en caminos e infraestructura en general.  Al mismo tiempo que se produce, disminuye costos.  Por supuesto, todos queremos mejores hospitales y escuelas, que llevan más tiempo para ver sus frutos.  Pero, en cuanto a crecimiento, vamos bien orientados. Es decir, ya caminamos, aunque no trotemos ni corremos ¡Ya llegará!

Vuelvo a la reducción de la inflación. Implica emitir menos, pero como hay déficit fiscal hay que endeudarse. Como en Argentina no hay suficiente ahorro, el endeudamiento es en el exterior y en dólares. Entran muchos dólares que reducen su precio: el famoso atraso cambiario. Eso dificulta exportar y facilita importar, lo que trae como consecuencia un déficit de balanza comercial. Para evitar ésto hay que tener notables mejoras en productividad, que permitan ser eficientes y exportar. Suena difícil, dado que todo cambio afecta a alguien. Cada modificación toca algún “currito”, derecho o interés. Los consumidores beneficiados están dispersos, pero los afectados por la mejora en las reglas se concentran y hacen oír una airada voz.

Hay muchos otros temas pero, en general, aumentando productividad y reduciendo inflación, un crecimiento suave está asegurado.  Claro, sólo si  por fin aprendemos que lo relevante es mirar el futuro. Cierro con un alerta: la legislación sobre los (pequeños) cambios en el sistema previsional, con la violencia y la paupérrima discusión de nuestros representantes, mostró que no todos tenemos claros los objetivos. 

*Diana Mondino, economista, Universidad del CEMA

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Columnista